Una lectora preguntó cómo enseñarle a su nieto de quince años sobre la riqueza. El chico recibe cuarenta euros al mes para sus gastos, y ella está construyendo en silencio una cuenta de ahorros para su futuro.
Yo empezaría por el negocio que espera cobrarle esos cuarenta euros. Su éxito puede depender de saber de quién quiere la aprobación, o qué teme oír cuando entra en un aula. Una cuenta de ahorros registrará lo que le queda, pero dirá muy poco sobre la habilidad que lo convenció de desprenderse del resto.
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